A las relaciones de pareja siempre le acaban acompañando los celos. La relación puede ser magnífica, la afectividad también y los dos miembros de la pareja pueden sentirse plenamente satisfechos, pero, al final, los malditos celos aparecen. De la inevitabilidad de los mismos, podemos aprender la valiosa lección de aprender a superarlos para que los mismos no causen graves problemas.

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Aun en las mejores relaciones de pareja siempre hay zonas de claro oscuro. Siempre existe algún área en la cual nuestra pareja no nos satisface lo suficiente y tendemos a buscarlo fuera. Es inevitable, prácticamente se podría decir que, inclusive, esta pulsión por buscar cosas nuevas puede ser hasta favorable para que la relación crezca.
En determinadas ocasiones el llegar a la conclusión de cuáles son nuestros límites puede generar sentimientos de inseguridad en la persona. Esos sentimientos de inseguridad pueden hacer que, de un modo irracional, pensemos que no estamos aportando lo suficiente en la relación; acto seguido pensaremos que nuestra pareja puede buscar en otro sitio lo que nosotros no alcanzamos a darle.
En el peor de los escenarios esa inseguridad que tenemos la comenzaremos a proyectar en nuestra pareja y a exigirle unas atenciones: le pediremos que nos demuestre que somos lo más importante para él o ella, que somos lo mejor que le ha pasado en su vida. Este tipo de comportamientos pueden acabar provocando que la relación se desvirtúe y que, utilizando una metáfora, ese barco que era nuestra relación a medida que avanzamos en el viaje se empiece a llenar de grietas y finalmente naufrague.
Fuente: Sexo Consultas | Imagen: *clairity*








