Aunque el título parezca tendencioso, y ciertamente en 7 palabras no pueda resumirse esta historia de vida, la realidad no está nada alejada de esto. Porque al pequeño Kirk Murphy, cuando tenía apenas 5 añitos, sus padres lo colocaron en un grupo de estudio científico para “curar” sus conductas afemeninadas, en un intento por “prevenir” la homosexualidad.
El “tratamiento” se realizó en los 70 en la Universidad de California y consistió en una serie de prácticas que hoy bien podemos considerar aberrantes. Los juegos afemeninados que él prefería eran castigados emocionalmente (con la inflexible ignorancia de la madre por su hijo) y físicamente (con golpizas periódicas); ambos abusos “recetados” por los médicos del equipo del Dr. George A. Rekers.
Según el mismo Dr. Rekers afirma, la terapia había funcionado puesto que otros psicólogos que le evaluaron determinaron que estaba “más adaptado después del tratamiento”. Pero según sus mismos hermanos relataron a CNN (no dejen de leer la nota completa, por favor) “él se encontraba condicionado para decir lo que querían escuchar”. Para ellos esta dura terapia “dejó a Kirk totalmente convencido de que estaba roto, que él era diferente de todos los demás”.
Al crecer, Kirk siguió una vida ejemplar y productiva, estudiando, haciendo una buena carrera en la Marina y obteniendo un muy buen trabajo. Una vida que pudo tolerar sólo hasta los 38 años, cuando tomó la decisión de suicidarse.
¿Fue su muerte directamente consecuencia de aquel tratamiento en la infancia? Es algo muy complejo para asegurar. Pero yo en lo personal siento que aquellas huellas, recuerdos y moretones debieron seguir pesando por siempre en él.
Para cerrar dejo esta pregunta en el aire ¿Quienes somos para “corregir” a otro semejante y, más aún, a nuestros hijos? Y como respuesta, os dejo las palabras de Maris Murphy, su hermana:
“Este era un niño pequeño que merecía protección, respeto y amor incondicional”
Fuente e imagen: CNN