Profesiones con gancho: camarero


Existen determinadas profesiones que, para el viejo juego de la seducción, resultan más apropiadas que otras. No se trata de una cuestión que siga al sempiterno “¿a qué te dedicas?” sino, más bien, algo intrínseco a la propia profesión, algo atrayente, ése “yo qué sé” y “qué sé yo” que impide apartar la vista de alguien, eso que los franceses llaman charme, porque este tipo de cosas siempre suenan mejor en el idioma de Baudelaire.

Es el caso de la profesión que hoy nos ocupa: camarero. Pero no me refiero al camarero que le sirve el té a las abuelitas, sino al de discoteca, pub, bar de copas, tugurio o antro infecto que, independientemente de la categoría a la que pertenezca, goza de un gancho que el que trabaja con las abuelitas, para su suerte o desgracia, no tiene.

El camarero de pata negra, el que tiene gancho (entiéndase el término “camarero” en su género neutro, válido tanto para ellas como para ellos), es el centro de atención del lugar, lo quiera o no, es inevitable y va con el cargo.

Cualquier persona que se encuentre en el local, salvo que sea de los de la cofradía del puño cerrado, de ésos a los que cuando llega la cuenta siempre les pilla mirando para otro lado (que, haberlos, haylos y, desgraciadamente, a patadas), más tarde o más temprano, ha de entablar conversación con el camarero, sea para una mera transacción comercial, aséptica y nada seductora, sea para formular la pregunta que a todo camarero le han hecho en algún momento de su vida… ¿a qué hora sales?

Y esta pregunta que, este humilde servidor que también fue camarero hace ya muchos años, más de 15, aunque parezca que fuese ayer, también escuchó, no se realiza por mor del atractivo físico del mismo (por mucho que duela el orgullo, hay que admitirlo), sino única y exclusivamente debido a la profesión que uno ostenta.

Y este charme inherente a la profesión, tan indudable como real, es lo que a uno le hace plantearse si, esa misma muchacha que nos preguntó a qué hora terminábamos de trabajar, lo hubiera hecho si hubiéramos sido uno más de la discoteca. Y, la respuesta, tan triste como categórica (y el orgullo vuelve a doler aquí), es un NO tan grande como la Catedral de Burgos.

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Comentarios al artículo

1

Escrito por: kastigator
Fecha: 20/08/2007 at 8:14 pm

Interesante reflexión.

Será que en un bar el camarero es el responsable del establecimiento? Usease… el JEFE (en ausencia de este, se entiende…), luego… representa la autoridad, el poder.. (cójase esto último con pinzas, please…), no caemos en la cuenta de que está para servirnos a cambio de nuestro dinero, pero al otro lado de la barra parece que esté oficiando tras un altar.

La barra separa a unos (los parroquianos) de otros (el oficiante), lo distingue del resto y eso crea interés independientemente del encanto innato del individuo en cuestión, te fijas en lo que está en el escaparate, o en el mostrador en este caso.

perdonad el tocho, no son mas que reflexiones en voz alta, un poco de tormenta de ideas, al final resulta que los humanos somos de lo más simple y primario.

Saludos a tod@s

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