Relatos eróticos: Tan lejos, tan dentro

Este es nuestro primer relato erótico enviado por una seguidora acérrima de SeresSexuales, le damos las gracias y esperemos que disfrutéis la mitad de lo que lo hemos hecho nosotros con su relato.

¿Sabes esos días que no puedes tenerte en pie? Después de todo el día trabajando, llegué a casa y me tumbé en la cama, no puedo describir el placer de tener mis piernas estiradas y rodeada de silencio por todas partes.  Estando bocarriba, mirando al techo, comencé a desnudarme, hacía muchísimo calor en aquella habitación. Completamente desnuda, cerré los ojos, inmediatamente  vino tu imagen a mi cabeza. Cerré los ojos todavía más fuerte, casi podía notar tus labios rozando los míos. Pase mi lengua lentamente por mi labio superior, y después por el inferior, la humedad me recordaba cuando era la tuya la que recorría mi boca, para introducir tu lengua después, cogiéndome de la nuca fuertemente.

Ahí fue cuando mi memoria empezó a recordar la última vez que nos encontramos.  Poco a poco se me empezó a erizar el pelo de los brazos, al recordar como recorrías mi cuerpo con tu boca, muy suave, muy despacio, beso a beso, paso a paso, sin dejarte ni una sola parte, deteniéndote tranquilamente en mi entrepierna. En este momento, mi mano, bajo sola hasta mi vagina, que ya estaba más húmeda que mis labios. Introduje mis dedos suavemente, todavía con los ojos cerrados, para poder recordar sin distracción cada uno de tus movimientos. El corazón y el anular comenzaron a moverse dentro de mí como si mi cerebro no se hiciera cargo de ellos.

Los recuerdos son mucho más fuertes que cualquier otro pensamiento. Era capaz de notar como introducías tu lengua dentro de mí, mientras con tu labio superior me recorrías. Era inevitable no jadear, siempre has sido un experto. Mi memoria no me fallaba, cuando te habías entretenido lo suficiente como para que yo estuviera a punto de gritar, y lo suficientemente mojada como para no necesitar lubricante ninguno, introdujiste tu enorme pene, lo que me produjo una sensación de placer indescriptible, sólo mi memoria y mi mano en aquel momento podían sentir lo que yo sentía.

Me rozaste los pezones duros, muy duros, con tu lengua, tan carnosa y sabrosa que es imposible de olvidar, y comenzamos, juntos a lamerlos, mientras tus caderas no paraban de moverse. Todavía no puedo encontrar nada que me haya hecho sentir tanto placer. Dilatada y mojada, pude introducirme un dedo más, mordiéndome el labio inferior; mi respiración empezaba a ser menos profunda y más rápida.

Supe que llegaba al éxtasis cuando te recordé metiéndomela en la boca, moviéndola con tu mano, al mismo tiempo que yo paseaba mi lengua por todo tu glande y tú, mirabas atento como yo me masturbaba, no hay nada que me excite más que termines empapándome toda la boca, abierta para recibir todo eso que te hacía estremecer de placer. En ese mismo instante note cómo llegaba el final ayudándome de la palma de mi mano, mi jadeo se convirtió en un pequeño gemido.

No sabes cuánto se puede echar de menos a una persona hasta que está lejos de ti.

Eva (Albacete)

Tags: , ,

One Response to “Relatos eróticos: Tan lejos, tan dentro”

  1. Alex says:

    Como mola vuestro relato, he disfrutado mucho con él :)

Leave a Reply